Por JUAN FERNANDO ESPINOSA SÁNCHEZ.
Unas merecidas vacaciones de su trabajo disfruta por estos días Patricia Pino Núñez, profesora general básica, con mención en ciencias, mamá de tres hijos: de 13, 14 y de 15 años respectivamente, docente del Liceo Luis Humberto Acosta Gay de El Monte, quien después de un segundo año en pandemia, compartió parte de lo que han sido estos dos años de trabajo en los que cambió de manera tan radical la forma de hacer clases, buena parte de los periodos escolares 2020-2021.
Un campo abierto al aprendizaje
Mientras los científicos trabajaban en una eventual vacuna, esta profesora escudriñaba de qué manera hacer clases bajo estas condiciones. “Tengo que hacer un paralelo entre este año (2021) y el año pasado (2020). El año pasado fue de aprendizaje y este ha sido un año en que el trabajo se hizo más planificado, ya sabíamos trabajar plataformas, los niños ya sabían su horario, estaba más establecido”, resume Patricia Pino, no obstante, se remonta hasta los primeros días de pandemia para contextualizar mejor lo vivido.
“Yo me dediqué a buscar plataformas donde los niños pudieran trabajar sin que les cobraran bolsas de minutos, hice también un cuestionario donde recabé información con cada uno los papás para saber cómo era su situación y después saque una visión general de cómo estaba el curso, cuáles eran las carencias, cuáles eran las necesidades y cómo lo íbamos a trabajar. Ahí me di cuenta que algunos tenían bolsas de minutos, a qué hora llegaban sus papás del trabajo y todo, y así me estructuré un horario y así comencé”, compartió
Un año con más experiencia
Agrega que el año 2021 fue más estructurado, los niños sí sabían cómo trabajar y ella definió mejor la forma de tratar con ellos los aprendizajes. “Dejé el cuaderno atrás, dejé el texto de lado, y lo hice a través de guías. Puse los contenidos en guías, entonces así trabajaba a diario: yo sabía que ellos sabían lo que tenían que trabajar, por si algún niño no llegaba a clases o no se podía conectar, el o la alumna sabía que ese día íbamos a trabajar tal o cual cosa”, detalla Patricio Pino, quien añade a todo esto el trato con cada alumno como un aspecto relevante.
“Trabajar siempre a través, también, de lo humano. Cuando yo los saludaba en las mañanas –que siempre suelo hacerlo-, siempre decirles una palabra bonita, por sí ellos no se levantaron bien, por si tuvieron un mal día, los niños no cuentan mucho”, dice Patricia Pino y parece que su estrategia fue dando los resultados esperados, pues recuerda que mientras nos encontrábamos en las fases más restrictivas del Plan Paso a Paso, en que las clases solamente se desarrollaban de manera remota, la audiencia siempre fue bastante buena.
“Yo tengo 22 alumnos, tuve la suerte que siempre tenía 18 niños, 17, 15. Cuando llueve, acá se corta el internet, pero ahí estaban, en el teléfono de la mamá”, subraya la profesora y comenta que cuando ocurría eso le consultaba al niño cuánto rato podía usar el equipo móvil de su madre, “entonces sabía yo cuál era la limitación de él, todo, porque uno tiene que depender de los niños”, comenta respecto de algunos desafíos que representan las clases virtuales para un profesor, entre muchos otros.
De profe a “Tiktokera”
“Las dificultades, claramente, son más que nada tecnológicas. A veces, el poco apoyo de los padres, el que los padres no entiendan lo que uno necesita, yo creo que esas fueron las mayores dificultades que yo tuve, porque lo otro lo tenía estructurado para traspasar este aprendizaje a través de una pantalla, que fuera un aprendizaje eficaz. Eso fue lo que me gatilló a decir: cómo lo hago”, recapitula Patricia Pino, quien comparte otras situaciones bastante novedosas de cómo ejercer la profesión en medio del COVID-19 y recuerda que todo comenzó con una pregunta a sus interlocutores.
“Uno como profesora tiene que salirse del papel de profesor, uno tiene que ver los gustos de los niños, ellos viven una etapa distinta y uno tiene que nutrirse de los niños”, agrega Patricia Pino, y fundamenta así cómo fue que descargó Tik Tok y se hizo “tiktokera” porque sus alumnos le comentaron que les gustaba la aplicación y comenzaron a hablar un lenguaje común al iniciar cada jornada. “Siempre tengo que invitar a mis alumnos a participar de una clase, no puedo decirle a un alumno: siéntate, buenos días, comenzamos nuestra clase, si no los invito con las cosas que a ellos les gustan”.
Patricia Pino dice que también, a veces, comenzaba con un chiste o un concurso de trabalenguas y otras formas de atraer su atención. “Un día entré a una clase y estaban todas las cámaras apagadas, entonces, yo dije: la apago también. Me dijeron: Tía está ahí. Sí –respondió-, pero estoy escondida igual que ustedes, porque los veo a todos apagados. No, aquí estamos –dijeron los niños-. Ah ya, entonces la voy a prender: aquí estoy yo. Así, siempre con algo. En el invierno, les decía: ya vamos a hacer ejercicios”, recordó la profesora, quien cuando retornó a modo mixto, tuvo siempre una asistencia de 9 alumnos en aula.
Profesora, mamá y dueña de casa
Pero, eso no fue todo para Patricia Pino, pues el 30 de octubre se contagio, a pesar de tener esquema completo de 2 dosis por esos días, en que siendo un fin de semana largo se fue a la playa con sus hijos. “Me dio Delta”, dice e indica que le explicaron que lo suyo no fue por contacto estrecho, sino por brote, enfermó a sus hijos, recuerda que les dolía la musculatura y así todo estuvieron en clases con COVID. En su trabajo habló con la directora para seguir haciendo clases, porque se sentía bien, obviamente, de manera remota.
“Creo que fueron las clases más divertidas que he tenido”, señala Patricia al comentar la reacción de los niños en clase remota, ya que todos sabían que se había contagiado y recuerda que todos estaban en silencio, no obstante, uno de ellos admitió que sabía que ella tenía COVID, pero le comentó que su mamá le había dicho que se quedara callado, ante lo cual la profesora comenta que los invitó a vacunarse para resistir de buena manera la enfermedad. “Creo que también uno entrega un mensaje: que se tienen que vacunar, que esto no es pasajero, que a cualquiera le puede dar”, acota.
A juicio de la docente del Liceo Humberto Acosta Gay “todas las experiencias son positivas” y aunque el año escolar 2021 los objetivos fueron priorizados, se lograron alcanzar casi todos y siente que sus alumnos terminaron más preparados que el 2020. La otra cara de la moneda, es aquella de la que da cuenta Patricia Pino, quien además de profesora, es mamá y dueña de casa, pero se tuvo que llevar durante un tiempo importante la escuela para la casa y convertir un espacio personal y familiar, en una suerte de set audiovisual, aunque no faltó quien tuvo el esperpento de tildarlos de poco comprometidos.
“Cuando dijo el ministro que éramos flojos: hay que ponerse los zapatos para poder hablar. De un escritorio es muy fácil hablar, cuando no sabe lo que hay detrás”, afirma Patricia Pino, quien trabajó desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, y después atendía a sus hijos y las cosas domésticas de una familia y su casa, como también lo hacía en los descansos de 15 minutos entre clases. “Es agotador, súper agotador. Qué se puede, sí, se puede, pero uno termina agotada”, comentó la profesora, quien sólo recuerda con tristeza que durante un año conoció a sus alumnos sólo a través de una pantalla.