Por Juan Fernando Espinosa Sánchez.
Tres semanas le tomó a Ricardo Escobar, vecino y grafitero de Talagante, junto a su colega Nelson Tobar, humanizar el muro de latón que cubre a la Cooperativa COOCRETAL, generando así una nueva sensación frente a este armado que protege el frontis y accesos de la entidad de ahorro y crédito talagantina. Sin embargo, el trabajo de este artista que se niega a las fotografías comenzó un poco antes, poco después que la soldadura le quitará hasta el último instante de luz al primer piso de la institución.
“Me hablaron por medio de whatsapp para concretar el proyecto”, dice el grafitero y comenta que “fue todo un proceso de un mes” en el que realizó un plano, más el apoyo fotográfico, para compartir su idea en una reunión con “toda la gerencia” de COOCRETAL, que finalmente aprobó el proyecto. Ya la primera semana se fue en la medición del espacio a cubrir y la compra del material, mientras que la segunda comenzó la pintura del fondo en dos manos.
“La última semana fue la más entretenida para mí, donde empezamos a usar todo el tema de aerosol, el efecto, la tridimensionalidad de la estructura, cierto; luz, sombra, brillo, y todo esto fue un proceso muy grato igual porque, si bien el muralismo, el grafiti es mal mirado, esta fue una instancia para recibir mucha bendición de la gente”, resume el artista, quien valora el hecho de pintar en la calle y, en ese mismo pasaje del proyecto, el encuentro y la opinión de la gente.
En tal sentido, Ricardo Escobar fundamenta el propósito central de su obra. “El proyecto cuando lo quise presentar, más que algo económico o monetario, lo quise presentar de una forma hablando de la cooperativa como algo solidario, de ser empático, hermanable, ayudar al adulto mayor, también vi harto el tema de la mujer para que todos se sintieran identificados con esto, que mucha gente se ve reflejada a través de este mural”.
El joven de 28 años comenta que desde chico “fui pegado al dibujo” y que durante su enseñanza media tuvo contacto con la cultura del hip hop lo que potenció y orientó su predilección por el arte callejero desde el muralismo y el grafitis. “El 2010, saliendo del cuarto medio, tuve mi primer contrato en una empresa y ahí tiré todo mi sueldo en pintura y ahí fue cuando ya me tiré al vacío y de ahí nunca más solté el spray”, nos comparte de su historia personal.
Señala que “la constancia, la perseverancia en pintar, en creer en el arte y en todo lo que podía desarrollar” así como “todo el estudio de dibujo que preparo día y noche llevó a que la gente pudiera confiar en mi trabajo” y por medio del “boca en boca” llegó a hacer de este gusto por el grafitis una forma de vida y para ganarse la vida, haciendo trabajos para “negocios chicos, kioscos y así sucesivamente sale proyectos grandes y proyectos chicos”.
En cuanto a las dificultades que le presentó cubrir el metal de Coocretal, Ricardo precisa que el principal desafío fue hacer coincidir el piso con el mural, de tal manera de generar una unidad. “Congeniar el piso, ver la dimensión, que de lejos se viera como que hay una profundidad, porque igual del terreno nos subimos un par de centímetros, entonces había que lograr todo el tema de perspectiva para que los personajes calzaran con la misma postura del transeúnte”.
Finalmente, concluido el mural el joven artistas nos señaló estar conforme no sólo con el resultado de su trabajo, sino también con el impacto en las personas. “Más que nada contento porque a la gente le gusto y recibimos muy buenas bendiciones sobre el muro. Y, contento igual porque los abuelitos pasaban y se sentían identificados con ellos, así que haciendo feliz a la gente, pintando calles, es la mejor paga, es el impulso para seguir haciendo esto con más cariño”, sostuvo Ricardo Escobar.