Por Juan Fernando Espinosa Sánchez.

“Todo empezó porque tengo un problema de una deuda de la universidad, ahí comenzó todo”, nos cuenta con sinceridad Maximiliano Gutiérrez Bustamante, mientras hace un alto con su guitarra y nos comparte las razones de su presencia en el centro de Talagante para compartir su habilidad y destreza musical con los transeúntes del centro comercial de la comuna. Así mientras su guitarra inunda un rincón de la comuna, el estuche del mismo instrumento permanece abierto para recibir el aporte generoso de los transeúntes.
La misma piedra en el zapato de tantas familias
Así, el famoso tema de la educación gratuita que ha estado pendiente desde que se retomó la democracia, que cobró importancia cada cierto tiempo, y que terminó estallando desde octubre del año pasado, tiene, rostro, familia, y circunstancias que la hacen, no sólo injusta, sino que detestable. Tal como ocurre con Maximiliano, 21 años, vecino del sector San Luis, el menor de 5 hermanos, tres hombres y dos mujeres, y un padre adulto mayor que busca salir adelante con sus dos más jóvenes hijos en la educación superior.
“Mi papá hoy en día es jubilado, pensionado, pero tuvo la gran idea de no cambiarse al sistema de las AFP, magnífica idea diría yo, entonces, igual la pensión no es mala sirve para vivir con la cantidad de gasto que significa dos universidades. Mi papá fue la mitad de su vida profesional, profesor de física, y la otra mitad estudio medicina, entonces eso igual en el sistema antiguo le dio una jubilación que mucho mejor que las actuales”, asegura Maximiliano Gutiérrez.
El joven estudia intérprete instrumental en guitarra en el Instituto Profesional Escuela Moderna de Música y Danza (del grupo que controla la Universidad Andrés Bello y Aiep). “Siendo honesto con las cosas, no se han portado mal con el tema de la deuda, porque mi hermana está en la Universidad Cardenal Silva Henríquez, estudia pedagogía en música y ella se demoró un mes en pagar y pusieron en Dicom a mi papá. Mi universidad se ha portado mejor, nos permitió repactar, nos quitaron todos los intereses de la deuda de seis meses”.
Esas casualidades de la vida…
Con dos años en el cuerpo de un total de cinco y a punto de ingresar a su tercer año, el joven talagantino, dice que le va bien. “Un poquito mejor que el promedio de la universidad, pero es complejo estudiar ahí, exige mucho estudio diario, porque si uno estudia para las pruebas como se hace, no le va a servir. Yo en tiempo de clases, estudio 6 horas de guitarra, sólo estudio, no disfrute, puro estudio: ejercicio y cosas de estilo, más estudio auditivo, estudio de historia de la música, que son materias más duras en que hay que leer libros”.
Maximiliano Gutiérrez llegó a la guitarra a los 10 años por una cuestión circunstancial. “Mi hermana me obligó, porque iba a un taller de música por el colegio y me tenía que ir con ella. Ella no quería que yo me fuera solo, entonces me dijo: ya quédate conmigo en el taller. Y después, como a los dos años, ya estaba como tocando guitarra todo el tiempo. Cuando salí del colegio tenía la opción de estudiar algo científico, me gustaba la astrofísica y música, pero dije: no me gustaría pasar mi vida como astrofísico, no me gustaría vivir encerrado frente un computador, entonces elegí la música que es más social”.
Antes de llegar a Talagante, su familia vivió en Santiago y en esa época, el entonces adolescente pasó por muchos colegios, ya que su familia “es un poco nómade” y en la capital del país estudio en los colegios San Lázaro de La Salle, Escuela Líbano, Escuela Arturo Prat y el Liceo de Aplicaciones, sin embargo, los últimos cursos de la enseñanza media los hizo en Talagante. “Pero, para mí fue el mejor año y medio, en verdad, de la vida porque, o sea todos mis amigos del colegio son de ahí, que fue el (colegio) Alcántara”, comparte.
Los niños son curiosos y las preadolescentes le gritan cosas
Consultado si la experiencia de tocar en la calle para continuar estudios han reforzado su decisión, el vecino de San Luis, afirma que sí. “Cachai que me gusta mucho cuando estoy tocando y me dicen: tocas increíble. De hecho hace un par de semanas atrás llegó una persona que me dijo: ‘sabes, tenía libre y me alegraste el día, y se fue’. Yo, aunque no me dejen dinero, pero si me dicen eso, como que genera un impacto dentro saber que, por lo menos, a una persona en el mes le alegraste el día, es bueno, como que a uno le llena personalmente eso”.
A propósito del día a día del músico callejero en Talagante, Maximiliano comenta que “los más graciosos son los niños” por su forma de enfrentarlo, entre miedo y luego simpatía, como también algunas personas en situación de calle que le dejan monedas, luego se llevan una y se la dejan de nuevo, y las niñas preadolescentes que “algún par de veces me han gritado: te amo, te amo, y salen corriendo, cosas así” y añade que a “todos los músicos callejeros que tocan regularmente, les pasa eso, no importa cuán feo sea uno, igual”, dice entre risas Maximiliano.
En cuanto a la posibilidad que su presencia pública le haya reportado algunas presentaciones y contratos en eventos, el joven vecino sostiene que sólo “un par de veces” y confirma que sí “muchos acercamientos” que finalmente no se concretan. En lo musical, admite que tampoco ha sido fuente de tantos contactos, pero se sincera en detalle y comenta que hay una banda con la que “de repente” se juntan, como también con una orquesta tropical que a veces lo llaman unos señores, “pero banda así como estable, como parte de ella, no tengo ahora”, subraya.

La búsqueda de un estilo musical
Muchos son los músicos que han inspirado a este joven estudiante y señala que “hoy día estoy pegado con David Bowie” e indica que entre los exponentes chilenos los que más le gustan son los de raíz folclórica como Inti Illimani, Quilapayún y Los Jaivas. “Me gustan mucho, yo rallo con Los Jaivas, Violeta Parra. Como guitarristas me gustan Pat Methyne, John Scofield, Bryan May, mucho de lo que toco lo toco imitándolo a él. Escucho de varias épocas”, resalta.
“Lo que es antiguo –agrega-, me gusta la cumbia chilena” y entre ellos destaca al guitarrista de los Viking 5, Eduardo “Lalo” Macuada. “Es fenomenal –dice entusiasmado-, y bueno de los guitarristas actuales está Ángel Parra, nieto de Violeta Parra, buenísimo. De hecho tuve la suerte en un concierto, encontrármelo y le pedí una foto y la subí a internet (…), también como guitarrista, como músico era increíble el Gato Alquinta, a quien admiro mucho, junto a Claudio Parra, que lo hacían todo”.
Para Maximiliano, más que el virtuosismo, lo importante en un guitarrista es la musicalidad. “Si es virtuoso, bueno bacán, pero no me enoja mucho que no sea virtuoso, como el Cabezón de los Chancho en Piedra, no es virtuoso como guitarrista, pero es un gran compositor, un gran músico. Además que cualquiera puede tocar rápido y bonito. Yo conocí a gente que en un año toca rápido y bonito, pero después de eso darle musicalidad, saber qué hacer en un momento, cómo interpretar, ya es distinto, no cualquiera lo puede hacer”, argumenta.
Por ahora, joven sigue juntando el pesito a pesito, pues ha sido la forma cumplir un sueño, de cara a una deuda de un millón de pesos. “Ya pague la mitad, pagué quinientos mil y ahora tengo que pagar los otros quinientos mil en este mes para poder matricularme, el mes siguiente. O sea, estoy con los plazos muy justos”, dice el joven, quien subraya que no todo es malo y que el tocar en la calle ha sido una forma de mantener el ejercicio regular.
“También, me gusta tocar en la calle, porque si no estaría haciendo cualquier otra cosa, quizás más estable. Pero, si hiciera otras cosas, perdería la movilidad en los dedos y después cuando entre a estudiar guitarra llegó como oxidado. Me paso el año pasado y no quiero que vuelva a ocurrir, entonces me enfoque en que el dinero que consiga lo haga tocando, además, genera, como se podría decir: más calle, más experiencia en el asunto”, nos comparte satisfecho el joven talagantino.